Skip to content

Semblanza del “Ché”

Posted in Blog

Oscar Restrepo era sin duda un personaje hasta cierto punto pintoresco, si ese adjetivo sirve para decir que era alguien “armado a la antigua”, con unos rasgos demasiado caracterizados que lo convertían casi en un abuelo de cuento, en un abuelo regañón, un poco hosco e intolerante.

Con los años, y la enfermedad que se apoderó de él, estos rasgos se acentuaron, y se había convertido en una especie de “proto-legislador”, que parecía haberse declarado enemigo de todo lo irregular, y de todo lo que pudiera ser corregido, de todo lo que no fuera estrictamente correcto.

En el hablar de los demás, era un cazador de errores, una especie de celoso guardián de la dicción correcta. Le irritaba que se dijera “el tráfico” de la ciudad está caótico, en vez de el “tránsito”. Tráfico es el de influencias, o el narcotráfico, agregaba.

En ocasiones era tal su celo que parecía empeñado en corregir todo lo que atentaba contra la perfección y el purismo del lenguaje, y de los actos en general, como si de esa manera directa tratara de ordenar lo que la sabiduría psicoanalítica no alcanzaba a organizar.

Pero, en cualquier caso, había tomado clara posición frente al desorden, y su causa había llegado a ser la de reclamar a ultranza el orden de las cosas.

Posición que, pese a ser exagerada, no dejaba de ser deseable, como principio básico, para la ética de un psicoanalista.

Oscar se había convertido en centinela ético, que rectificaba con enfado e indignación, todo lo que no se alcanzaba a trabajar desde el psicoanálisis, no importa que a veces se excediera. Había llegado a declararse un combatiente contra el desorden, allí donde éste se presentara, como si tuviera la misión de confrontarlo en las costumbres, en el lenguaje, en la vida pública, y en los resquicios donde el psicoanálisis no alcanzara a llegar.

Por la calle, rezongaba si veía un carro estacionado sobre el andén; eso no estaba bien y no podía dejar de enfadarse y quejarse cuando veía que sucedía.

Esto lo convertía en un abuelo “cascarrabias”, irritado a cada paso, pues lo irregular siempre está presente, de múltiples maneras en la vida.

En una ocasión, esperándolo en el carro para ir al estudio de grupo, él salí lentamente de su consultorio, pero tenía que bajar unos tres escalones. Rápidamente llamé a uno de los celadores del sector, ofreciéndole una propina para que ayudara a Oscar a bajar; pero el celador no aceptó y agregó molesto: a ese Doctor no lo queremos mucho, es muy duro en sus regaños, no nos trata bien.

En ese sentido, era percibido como el “azote” de la negligencia y las costumbres relajadas.

En ocasiones, regresando del estudio, escuchábamos la “Voz del Valle”, la voz de los boleros “vernáculos”, y Oscar podía entregarse algo relajadamente a seguir en dúo a Daniel Santos, Rolando la Serie o Bienvenido Granda, pero no bajaba del todo la guardia, porque enseguida decía: “ese que canta es un melancólico, llora más de la cuenta y además se contradice cuando afirma que “te amaré toda la vida aunque tu amor me mate”, o, en otra ocasión: eso es puro narcisismo”.

Pero de todos modos había accedido a la rememoración nostálgica, y la repetición de memoria de las letras de las canciones, testimoniaba que esas melodías habían sido sentimentalmente importantes..

Otras veces, como conocíamos los mismos boleros, viajábamos cantando a dúo. Pese a todo, el se ufanaba secretamente al dejar ver que conocía las letras.

                                                            . . . . . .

Una sensible reflexión se abrió paso en estos días, cuando se siente ya el vacío que ha dejado la desaparición de Oscar.

Hace cerca de dos años, cuando ya Oscar estaba limitado en sus funciones, coincidió con la compra de un carro nuevo que tuve que realizar. Descubro ahora que el carrito había adquirido una noble utilidad adicional: transportar a quien más lo requería. Fue una de las funciones más importantes que tuvo ese medio de transporte.

 

Alfredo Reyes

Agosto 2   2017

Be First to Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Validación humana *