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Entrevista al Dr. Bernard Chervet, por José María Franco

Posted in Entrevistas

Jornada científica de S.E.P.I.A.

(Sociedad de Estudios Psicosomáticos Ibero Americana)
(Auto entrevista del Dr. José María Franco Vicario*)

El sábado pasado, 28 de octubre, se celebró en la sede del Colegio de Médicos de Bizkaia,
una Jornada científica de la Sociedad de Estudios Psicosomáticos Ibero Americana (S.E.P.I.A.)
con la colaboración de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao. El ponente, Dr. Bernard
Chervet, disertó acerca de la “Destructividad, trabajo en torno a la falta y fluctuaciones del
Superyó”.

En primer lugar, me podría decir brevemente, qué es exactamente S.E.P.I.A.
S.E.P.I.A. es una Sociedad científica, fundada en Bilbao, en los años ochenta bajo la
iniciativa del Dr. Pierre Marty, ya fallecido, y que fue en los años 50 uno de los cofundadores
del Instituto Psicosomático de París (I.P.S.O.) , conocido también como “La Escuela
Psicosomática Francesa”. Actualmente, formamos parte, como Sociedad Formadora en
Psicosomática, de una amplia red de Sociedades Formadoras, o en vías de ser Formadoras,
distribuidas por todo el mundo (España, Argentina, Brasil, Colombia, Suiza, Francia, Grecia,
Inglaterra, Rusia, Turquía etc.) y que se denomina Asociación Internacional de Psicosomática
Pierre Marty (A.I.P.P.M.). Todos los miembros formadores en Psicosomática de esta amplia red
de Sociedades, somos psicoanalistas miembros reconocidos por la Asociación Psicoanalítica
Internacional (A.P.I.), fundada por Freud el 30 de marzo de 1910 en Núremberg.
S.E.P.I.A., aparte de impartir una enseñanza en Psicosomática para médicos, psicólogos,
personal sanitario, organiza, Jornadas, Coloquios, Seminarios etc. en el territorio nacional
(Bilbao, Barcelona, Madrid, Valencia, Salamanca, Oviedo etc.) varias veces al año.
Concretamente, nuestra próxima Jornada de S.E.P.I.A., será en Madrid, el 1-2 de diciembre,
donde el Dr. Christophe Dejours, conocido en Francia como “padre de la psicodinámica del
trabajo” dará una conferencia sobre “La tópica de la escisión en Psicosomática”, al mismo
tiempo que presentaremos su libro “El cuerpo primero” (“Le corps d’abord”), que S.E.P.I.A.
acaba de traducir al castellano.
Esta es otra de nuestras grandes tareas, la de traducir al castellano, para su difusión, toda
la producción bibliográfica (libros, artículos etc.) de los autores psicosomatólogos franceses,
dado que cada vez hay menos alumnado de la nuevas generaciones que domine la lengua
francesa.

Qué podría decirme del ponente, el Dr. Bernard Chervet.
El Dr. B. Chervet, es médico, psiquiatra, psicoanalista titular, formador de la Sociedad
Psicoanalítica de París (S.P.París) y de sus Institutos de formación en Francia. Ejerce su
profesión en Lyon. También es psicosomatólogo y miembro formador de la A.I.P.P.M. Hasta
hace poco, fue presidente de la S.P.París. Es un gran teórico como lo demuestran sus
numerosas publicaciones, formando parte del comité de las “Monografías y debates en
Psicoanálisis” de la S.P.París.

¿Por qué el título de la ponencia de esta Jornada de SEPIA: “Destructividad, trabajo en torno
a la falta y fluctuaciones del superyó”?
El Dr. Bernard Chervet, en el texto que nos expuso, intentó clarificar algunos términos
que se presentan ya confusos en el propio Freud y, en general, en la literatura psicoanalítica.
Son términos referidos a las nociones de pulsión de muerte, pulsión de destrucción, de
dominio, a la noción del sadismo. No son sinónimos, aunque muchas veces se utilizan como
tales. Puso el acento en el interés teórico y clínico de poder diferenciar en el seno de la
destructividad, la destructividad propiamente dicha de otros fenómenos psíquicos, como son
la desinvestidura o la extinción. Tampoco hay que confundir la agresividad, con la
destructividad, como muchas veces ocurre.
Para ello, partió de una célebre carta de Albert Einstein, que en 1932 envió a la Sociedad
de Naciones (la futura ONU) donde solicitaba a Freud que participara en una reflexión crucial
sobre la guerra y que este plasmó en su artículo “¿Porqué la guerra?” (1932).
Decía Einstein: <<En el hombre vive una necesidad de odiar y de aniquilar. Esta
predisposición está habitualmente presente en estado latente y solo sale a la luz en situaciones
anormales. Pero también puede ser despertada con una relativa facilidad e intensificarse en la
psicosis de masa, en la psicosis de odio y de aniquilación>>…<< ¿Hay un medio para liberar a
los hombres de la fatalidad de la guerra?, cuestión en que la subyace una preocupación
pragmática: ¿Se puede salvar a la humanidad de sus tendencias destructivas y, finalmente,
autodestructivas?>>.
Einstein entiende la destructividad como una predisposición elemental contra la que
conviene instituir una instancia política internacional, supranacional, encargada de arbitrar los
conflictos entre los Estados. La creación de esta instancia exige <<una renuncia incondicional
de los Estados a una parte de su libertad de acción, es decir, a su “soberanía”>>.
Freud responde a Einstein diciendo que tal instancia política internacional externa, al estar
gestionada por seres humanos, su funcionamiento mental tendría que estar exento de todo
factor afectivo, como si se hubiera instalado en ellos una “dictadura de la razón”, especie de
“súper-hombres” en el sentido de Nietzsche, que es una idealización que desmiente la
realidad del trabajo psíquico humano. Este trabajo, a nivel individual de cada cual, se hace y
se rehace regularmente y fluctúa entre la tendencia a extinguirse de las pulsiones y la
percepción de la castración. Trabajo psíquico que Bernard Chervet llama “trabajo de la falta”,
que “nunca es adquirido por el hombre” completamente, como decía Aragón (1944): “No hay
amor feliz” (“Il n’y a pas d’amour heureux”).

¿Y qué relación guarda todo esto con la Psicosomática?
Freud siempre se refirió en su teorización sobre el funcionamiento mental individual a lo
que la civilización, el arte, la cultura, los mitos etc. ya habían explicado sobre el psiquismo
humano. << Los poetas, los artistas, decía, saben mucho más que nosotros del alma humana
porque beben en fuentes que aún no nos han sido descubiertas a la ciencia. Ellos siempre se
han adelantado a nuestro trabajo y nos han abierto el camino para entender la complejidad del funcionamiento mental del hombre>>. Así, escribió sobre Leonardo de Vinci, Miguel Ángel,
Shakespeare, “La Gradiva” de Jensen, Goethe, su escritor preferido, junto a Thomas Mann etc.
Analizaba fenómenos colectivos (“Psicología de las masas y análisis del Yo “, 1921, donde cita a
Le Bon que escribió sobre “El alma colectiva”, “¿Porqué la guerra?”, 1932 etc.) para aplicarlos
al individuo.
De esta manera, su preocupación por cómo impedir la guerra que le plantea Einstein, es
substituida por: << ¿Por qué nos indignamos tanto contra la guerra?; ¿Por qué no la aceptamos
como tantas otras y crueles necesidades de la vida?; ¿Por qué nos indignamos contra algo que,
sin embargo, parece conforme a la naturaleza, biológicamente fundado, prácticamente
inevitable? >>. Para Freud el desarrollo cultural surge de la renuncia del individuo al fin
pulsional directo (sublimación). En el ser humano hay un imperativo de culturización, por
“razones orgánicas” que está en el origen de la emergencia de la conciencia moral y del
advenimiento del Superyo. A su vez, dice Freud, el perjuicio aportado a la sexualidad por el
proceso de desarrollo cultural puede fomentar retornos catastróficos a escala de la
humanidad. <<Incluso puede que hasta la extinción de la especie humana, porque es perjudicial
de muchas maneras para la función sexual…>>.
El pacifismo y la indignación contra la destrucción, son pues dos adquisiciones de la
resolución-destrucción del Complejo de Edipo (el acceso a la castración simbólica, a la cultura y
a la civilización), así como el pudor, la repugnancia, el remordimiento, signos todos de un
Superyó heredero de esta resolución. Freud tenía la esperanza de que “todo lo que promoviera
el desarrollo cultural, trabajaría al mismo tiempo contra la guerra”.
En 1920, Freud, en su artículo “Más allá del principio del placer”, desarrolla su segunda
teoría de las pulsiones y nos habla de una <<pulsión de vida>>, Eros, que trabaja para el
desarrollo de la mente, que une y amplifica, tendiendo a la expansión y a construir conjuntos,
y una <<pulsión de muerte>>, Tánatos, que provoca la desagregación, la desmentalización,
reconduciendo la vida al estado inorgánico. Las cosas no son tan sencillas, ni tan unívocas, ya
que Eros y Tánatos son un binomio indisoluble e indisociable. Juntos pueden crear infinitas
formas de vida psíquica (mentalización) e infinitas formas de muerte psíquica
(desmentalización).
En el desarrollo mental humano, no todo el mundo tiene acceso al funcionamiento que
nosotros llamamos neurótico, una estructura mental relativamente acabada. Es decir, no todo
el mundo alcanza la resolución-destrucción del Complejo de Edipo, accediendo a la castración
simbólica y a la creación de un Superyo “guardián del incesto”, lo que corresponde a la
“punta evolutiva genital edípica” de Pierre Marty.
Decía Denise Braunschweig que el Superyo es algo más que una instancia psíquica.
Constituye al sujeto. Podríamos decir que sin Superyo no hay sujeto.

Los pacientes psicosomáticos que vemos en nuestra clínica tienen, precisamente, serios
fallos en la construcción del Superyo edípico, que es substituido por otras instancias (Yo ideal,
Ideal del Yo) que Melanie Klein y Lacan llamaban <<Superyo arcaico, obsceno, cruel>> y que refleja que el Superyo edípico nunca fue instalado o fue eliminado. La consecuencia más
inmediata, es un inacabamiento de su estructura pulsional y mental. Tanto a nivel individual,
como colectivo, esta ausencia del Superyo constituye la base sobre la que se exaltan las
diversas formas de destrucción. La tolerancia a la pasividad, el odio, la capacidad de regresar
en el ensoñar, la simbolización, la culpabilidad, también desaparecen en los pacientes
psicosomáticos.
El sujeto es desposeído de su subjetividad en provecho de la sumisión al orden de la psicología
colectiva (hiperadaptación y conformismo), las fronteras de su psiquismo están
conmocionadas al servicio de una acrecentada potencia conferida a las dos tierras extranjeras
que le rodean, la realidad exterior y el soma. La violencia hace estragos por todas partes. Al
mismo tiempo que, en ellos, el riesgo de una desorganización progresiva y la aparición de
enfermedades potencialmente letales están siempre presentes.