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En memoria de Oscar Restrepo

Posted in Blog

Cali, 29 de Julio de 2017

Deja la partida de Oscar un vacío sensible y palpable.

En los últimos años su salud, quebrantada de múltiples maneras, había configurado una imagen, a la vez querida y admirable, de un hombre agobiado por el peso de las máquinas que necesitaba para sostener su vida física.

Su paso lento y su respiración alcanzada, no parecían importar cuando se disponía a asistir a nuestros grupos de estudio, poseído por su verdadero oxígeno: su honda relación con el Psicoanálisis, que había formado su vida personal y su vida profesional y que ahora, sabedor de su cercana muerte, sostenía el sentido de lo que no muere: las ideas, el pensamiento, la Superestructura simbólica en la que consiste el Psicoanálisis.

Era impresionante y otra vez admirable, ver al “Che”, una semana antes de su muerte, vestido a su gusto y de la mejor manera, para asistir a la que sería su última cita con el Psicoanálisis.

La asistencia a esas citas tenía un profundo sentido para él: pese a su ceguera parcial, y a un discreto extravío, solía preguntarme atento: ¿qué vamos a estudiar hoy? Sabiendo que no había podido leer ningún texto.

Pero lo que sí conservaba toda la fuerza era su amada pertenencia al campo del psicoanálisis que lo había fundado, dándole una inquebrantable identidad que sobrevivía aun cuando sus sentidos estaban en decadencia.

Todo lo anterior, sumado a la paciente y amorosa asistencia de su esposa e hijas, de los amigos y de un gran número de amigos y  colegas le pudo dar a Oscar un “bel morir, un bel morir, un bel morir, como dijo otro gran amigo del sentido humano: León de Greiff.

 

Con pesadumbre, Alfredo Reyes

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